Japón, día126
¡Cuánto tiempo sin escribir aquí!
He estado muy muy ocupada. El día 2 de febrero fui a España por un trabajo y volví a Japón el 6 de marzo. Y después me resfrié y pasé una semana entera en cama. Ya me voy recuperando.
Mi trabajo en España consistía en atender a los 50 estudiantes japoneses que asistieron a un cursillo de español en Alcalá de Henares. Llevo unos cinco años haciendo este trabajo pero confirmo que los universitarios japoneses son cada vez menos como cuando yo era.
En el fondo son buenos chicos, pero me parece que les faltan algunas cosas fundamentales que creo que los jovenes de 20 años deben tener, quiero decir que son inmaduros, infantiles o mimados.
Ya en el aeropuerto me sorprendieron porque había unos alumnos que vinieron con sus padres. Durante la estancia, hubo una madre y un padre que nos llamaron desde Japón preocupados por sus hijas. Cuando comenzamos las clases, había dos chicas que lloraron porque no estaban contentas con sus notas de la prueba de nivel. Lloraron diciendo “Estudié mucho antes de venir y no entiendo por qué estoy en esta clase. No me merece estar aquí.”
Sé que el culpable son los adultos, como uno de dos compañeros míos del trabajo que se llama P (admito que él no me cae bien).
Este año, por vez primera no organizamos ninguna actividad el primer domingo porque excepto P, pensamos que vendría bien un día de descanso no sólo a los alumnos sino también a nosotros. Pero antes de volver a Japón P me dijo, “Ha sido un error ese domingo libre. Como tuvieron que pasar un día entero con la familia española sin conocerla bien ni poder hablar bien español, se sintieron solos y tristes.”
Es verdad que hubo una chica que llamó a su casa llorando porque echaba de menos a su familia. Pero, que conste que nadie obligó a estos estudiantes a ir a España. Fueron para aprender español. Y P dijo que no debíamos dejarlos a solos con los españoles...
Además lo que me hizo reír fue que después de una semana por ahí hablé con esa chica llorona sobre su nostalgia, y ella me dijo riendo “Ah, sí. Ese día llamé a casa porque estaba triste. Pero luego mis padres españoles me encontraron triste y me dijeron ‘Entendemos que estás triste lejos de tus padres. Pero mientras estés en esta casa, nosotros seremos tus padres de España. Así que no te pongas triste más.’ A que son muy majos, ¿verdad?” Las hijas no son tan fragiles como piensan sus padres y los padres tontos no lo saben.
Es la impresión que tengo siempre. No hace falta mimar a los jovenes tanto, que son capaces de sobrevivir en peor condición. Pero las circunstancias japonesas van a la dirección de mimarlos más y más.
Y me quedo desesperada.

1 Comments:
Orale ke padre ke pudiste ir a españa yo con trabajo y nomas a tucson voy y es todo el viaje internacional ke tengo lo de los estudiuantes mimados creo ke es plaga aki tambien estan por el estilo de hecho a los de aki hay que agregarles que tambien son muy flojossssssss sale junko ahi sigue escribiendo ke la verdad se me hace muy kurado lo de ti pais
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