Diario de Poka

31 marzo, 2007

Japón, día137

-El mejor recuerdo de España-

Como escribí hace unos días, estuve un mes en España. Fue por un trabajo pero hice un hueco en mi agenda para ir a un concierto de mi artista favorito Jorge Drexler.
Antes de ir a España, miré las páginas por si habría algún cocierto que me interesaría durante mi estancia. Cuando descubrí que Jorge celebraría un concierto en Madrid, no podía creer mi suerte. Pero fue verdad. Conseguí la entrada y estuve allí el 23 de febrero.
El auditorio fue pequeño y el público, eramos solamente unos 200. Jorge estaba cantando a tres metros de mí.
Hasta ese día me gustaba Jorge solo por sus canciones pero ese día le vi guapísimo y también inteligente. Escuchando lo que cantaba y lo que hablaba, cantando con él, sentí de todo corazón, "Mereció la pena estudiar español." Estaba muy feliz. Fueron dos horas mágicas.

28 marzo, 2007

Japón, día134

Un café de ochenta centimos..
Hoy estaba viendo la noticia de la página web de TVE.
Hablaban de un nuevo programa llamado 'Tengo una pregunta para usted'. El invitado fue ZP. Los 42 ciudadanos le hicieron preguntas directamente.
Uno de ellos le comentó lo duro que le es la vida ahora en comparación con antes. Y le preguntó a ZP, "¿Sabe cuánto vale un café en la calle?"
ZP contestó con seguridad, "Ochenta centimos, aproximadamente".
En ese momento reí mucho y el público del estudio también.
El señor que hizo la pregunta dijo "eso era en los tiempos del abuelo Patxi (queridos mis amigos españoles, ¿quién es el abuelo Patxi?)." Y ZP se dio cuenta de que había contestado mal. Y dijo "Depende."
¿Depende? ¿De qué? Hace dos años tomé un café en un pueblo y ya valía un euro.

Por eso tuve que irme de España. Los precios no paran de subir y el sueldo casi no sube. El alquiler sigue pareciéndome bastante caro.
Cuando fui a vivir a España, los españoles vivían mucho mejor que los japoneses. Pero ahora, me parece que aquí vivimos mejor que en España. En Japón, todo es caro pero nos alcanza el sueldo para no compartir el piso. Pero claro, mientras los amiguitos de ZP disfruten de la vida, la gente normal no podremos hacerlo.

27 marzo, 2007

Japón, día133



¡He comprado una falda!
No me acuerdo de hace cuánto que no he comprado una falda. Tengo muchas razones de no llevarla, pero una de ellas es "no tengo zapatos para las faldas".
Cuando vivía en España, me bastaba con tener


1.zapatillas deportivas
2.sandalias
3.botas
porque era la chica de pantalones. Además en España (o al menos por donde vivía), no había muchas chicas con falda. Y tampoco se vendían las faldas que me atraían.
Pero aquí las chicas son bastante de falda. Además se vende la ropa muy bonita (y también cara).
Así que ahora me toca comprar un par de zapatos que van bien a esta falda. ¡Más gastos!

20 marzo, 2007

Japón, día126

¡Cuánto tiempo sin escribir aquí!
He estado muy muy ocupada. El día 2 de febrero fui a España por un trabajo y volví a Japón el 6 de marzo. Y después me resfrié y pasé una semana entera en cama. Ya me voy recuperando.

Mi trabajo en España consistía en atender a los 50 estudiantes japoneses que asistieron a un cursillo de español en Alcalá de Henares. Llevo unos cinco años haciendo este trabajo pero confirmo que los universitarios japoneses son cada vez menos como cuando yo era.
En el fondo son buenos chicos, pero me parece que les faltan algunas cosas fundamentales que creo que los jovenes de 20 años deben tener, quiero decir que son inmaduros, infantiles o mimados.

Ya en el aeropuerto me sorprendieron porque había unos alumnos que vinieron con sus padres. Durante la estancia, hubo una madre y un padre que nos llamaron desde Japón preocupados por sus hijas. Cuando comenzamos las clases, había dos chicas que lloraron porque no estaban contentas con sus notas de la prueba de nivel. Lloraron diciendo “Estudié mucho antes de venir y no entiendo por qué estoy en esta clase. No me merece estar aquí.”

Sé que el culpable son los adultos, como uno de dos compañeros míos del trabajo que se llama P (admito que él no me cae bien).
Este año, por vez primera no organizamos ninguna actividad el primer domingo porque excepto P, pensamos que vendría bien un día de descanso no sólo a los alumnos sino también a nosotros. Pero antes de volver a Japón P me dijo, “Ha sido un error ese domingo libre. Como tuvieron que pasar un día entero con la familia española sin conocerla bien ni poder hablar bien español, se sintieron solos y tristes.”
Es verdad que hubo una chica que llamó a su casa llorando porque echaba de menos a su familia. Pero, que conste que nadie obligó a estos estudiantes a ir a España. Fueron para aprender español. Y P dijo que no debíamos dejarlos a solos con los españoles...

Además lo que me hizo reír fue que después de una semana por ahí hablé con esa chica llorona sobre su nostalgia, y ella me dijo riendo “Ah, sí. Ese día llamé a casa porque estaba triste. Pero luego mis padres españoles me encontraron triste y me dijeron ‘Entendemos que estás triste lejos de tus padres. Pero mientras estés en esta casa, nosotros seremos tus padres de España. Así que no te pongas triste más.’ A que son muy majos, ¿verdad?” Las hijas no son tan fragiles como piensan sus padres y los padres tontos no lo saben.
Es la impresión que tengo siempre. No hace falta mimar a los jovenes tanto, que son capaces de sobrevivir en peor condición. Pero las circunstancias japonesas van a la dirección de mimarlos más y más.
Y me quedo desesperada.